lunes, 2 de agosto de 2010

Pies, medias y tacones

Besé el empeine de sus pies y entonces poco a poco le quité uno de sus zapatos. El pie, prisionero se me ofreció en silencio llamando a mis caricias. No tarde en besar todas sus partes. Laura gemía de placer. Lamí su planta y mordisqueé el talón, mis manos se desplazaban por sus piernas, acariciaba la parte interior de sus muslos y llegaba hasta donde terminaban las medias. Ella se sentía cómoda, me ofreció el otro pie. Saqué su zapato y enseguida me metí el pie en la boca, debía ser un treinta y siete por que me cabía bien. Con la lengua comencé a jugar con sus dedos dentro de mi boca.



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