lunes, 2 de agosto de 2010

Atada

Las junté como me pidió y me las ató juntas muy apretadas, incluso hasta dolerme, pero no me quejé. Aún sobraba muchísima cuerda, no entendía por qué había usado una tan grande. Sin embargo, la cogió y tiró de ella llevándome hasta la mitad de la gran habitación que era la casa entera. Hizo algo con la cuerda que me llamó la atención, levanté la cabeza y vi cómo la pasaba por una gran viga de madera que había en el techo. Tiró de la cuerda para abajo y mis brazos se levantaron.
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